Crónica de una noche de concierto

Por Simone

@Simonemontiel (TW)

@LaSimone Plus (FB)

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Y ahí estaba yo, después de haber compartido por primera vez con una persona de mi lista de contactos en FB; entrando al Maura & Simón lista para disfrutar del concierto de Clara Grun y Digan Wisky, que es parte de la gira del proyecto Emerge. Se trata de un proyecto que promueve a bandas emergentes y en los conciertos quienes abren el toque son artistas que ya cuentan con una trayectoria, en este caso Clara Grun.

Esperaba encontrarme con una compa que hace rato tenía ganas de saludar en persona, ya saben esos planes de encontrarse con la gente vía FB que cuesta que se concreticen. Mientras la esperaba, me fui encontrando con conocidxs, hablando un poco. Entré al lugar dónde se desarrollaría el concierto, que es al fondo del Maura; y saludé a unas compas, me quedé un rato con ellas, con la Martha y la Itzel. Luego saludé a la Iso y al Edwing, y se fue agrupando la gente para el toque.

El toque

Mientras platicaba con la María Ileana, una maje bien tuani; empezó el concierto. Nos movimos hacia adelante, pegaditas a la tarima y empezamos a disfrutar la música de Clara Grun. Hace más de 10 años cuando dormía en un cuarto 4×4 y mi presupuesto para la cena eran 10 pesos, conocí la música de Clara Grun. Así que fue como un asunto tuani ir a escucharla el jueves pasado.

Es una artista con demasiado talento, con el teclado, su voz, sus diferentes tonalidades, las letras de sus canciones, su feeling en el escenario, su presencia. Disfruté cada una de sus rolas en el concierto “Hilo conductor” “Mr. Cínico” “Nota Suicida” “Plegaria” “Pochote”, no fueron en ese orden, pero así tengo archivados los videos que hice del concierto en mi compu. Con la que cerraron fue Hilo conductor, para la que Clara invitó a Gaby Baca.

Al cerrar su participación, Clara le dio la bienvenida a la banda Digan Wisky, la cual tiene un buen grupo de chavalxs que corean sus canciones y como la María Ileana, disfrutan el feeling de su música. Clara los presentó diciendo que era una banda muy buena, con letras de buen contenido y se bajó del escenario recibiendo muchos aplausos.

Los Digan wisky

Es una banda de chavalos, de diferentes edades, con un feeling como diría mi partner de concierto, “rocanrolesco”, y así con letras de filtreo, vibra de pasarla bien y ritmo disfrutable. Al subir, una de las primeras cosas que dijeron fue: “Gracias a todas las personas que hicieron posible este concierto….y a Clara Grun…que además está muy guapa. A ver, ¿Dijo algo la Clara de si ellos estaban ricos o guapos? Noooo. Pero esa necesidad balurde de poner el acento sobre el cuerpo/belleza de la mujer en cualquier espacio, es en el menor de los casos una pendejada que deberíamos dejar de hacer.

Compas de la escena musical y del arte en general, cuando compartan escenario con compañeras que al igual que ustedes se están haciendo trayectoria en el campo, o que, como en este caso, llevan más años en este camino que ustedes; refiéranse a ellas por sus talentos y capacidades no por su físico. Ahórrense la tarea de reforzar el sexismo, que no le ayuda a nadie.

Yo bailé con mis partner, la María Ileana y la Iso la música de los Digan Wisky, pero esa entrada no podía quedarse fuera de mi crónica. Ya luego en el carro, lo comentamos la Iso y el Edwing, que balurdada maje- decíamos. Y mientras estxs dos me daban ride y se convertían en mis cómplices de madrugada; sabía que esa noche de concierto la había disfrutado mucho.

Y a como dice la Sandra, es sabio en esta vida presupuestarse mínimo un concierto al mes, que la música en general, y la música en vivo en particular, ayuda y alimenta el alma y el cuerpo. Hasta la próxima.

DE MUJERES Y CAMPAÑAS PUBLICITARIAS

Por Jessica Isla

Hace unos días en una calle concurrida de Tegucigalpa, aparecieron unos mensajes pintados en vallas de publicidad. Estos rezaban: “La mujer es el motor de la escoba”, “Una mujer no puede ganar lo mismo que un hombre”, “El trabajo de la mujer es criar a los hijos” y “Las mujeres no deberían salir de la cocina”. Dichos comentarios provocaron una oleada de críticas e incluso denuncias por discriminación ante los entes competentes.

Me pregunto que hubiera pasado si en vez de los mensajes que alentaban a la discriminación y porque no decirlo, a la violencia contra las mujeres se hubieran escrito en las vallas de Tegucigalpa, mensajes racistas, homofóbicos o anti-semitas. ¿Qué creen ustedes que hubiera pasado?.

¿Creen que TEDx Tegucigalpa, hubiera reaccionado de forma tan tranquila, “cambiando” en positivo los mensajes?. ¿Hubiera sido tan fácil darle vuelta a la página?, ¿Hubiera dicho “ya tenemos tu atención”? ¿O hubiera pedido disculpas?. Acabo por cierto de ver su página (tedxtegucigalpa.org) donde aparecen grandes personajes de la historia: Dalí, Einstein, Hawking, entre otros. Ninguna mujer por supuesto, ninguna genio que haya salvado a la humanidad, pero esta visualización primera puede deberse a mi computadora, que no termina de cargar. Abajo, si pude ver la foto de una joven tocando chelo por lo tanto educada, artista, sentada justo donde debe estar. Juzguen ustedes los símiles o diferencias.

Tal vez mi visión no sea la más objetiva. Esta vez no. Escribo desde el hartazgo. Desde la irresponsabilidad de una publicidad que si puede “utilizar” por así decirlo, la condición y situación de las mujeres para posicionar un mensaje. No se vale.

No se vale utilizar este mensaje de “psicología inversa” en un país, donde tenemos uno de los más altos de femicidios y violencia contra las mujeres tal y como lo han dicho muchas personas en Facebook, twitter, en la prensa, en los medios de comunicación.

No se vale en un país que concede menos oportunidades a las niñas que a los niños, donde las mujeres todavía somos ciudadanas de segunda clase. No se vale en un país con altos índices de embarazo adolescente y violencia sexual, donde incluso la anticoncepción de emergencia está penalizada y no digamos la interrupción del embarazo. No se vale en un país donde nuestras mujeres, incluidas algunas de nosotras, reciben un trato denigrante en los hospitales donde van a parir, donde hablar de igualdad es una utopía que perseguimos desesperadamente.

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No se vale utilizar las luchas de las mujeres, porque solo nosotras sabemos como hemos construido este camino donde hemos dejado jirones de vida. Como decía mi abuela: “solo la olla sabe el mal de los frijoles”. Y me la imagino a ella viendo las vallas y llevándose una mano a la boca para decir casi a escondidas “!Que barbaridad! o comportándose como la mujer que le habían enseñado a ser, refugiándose en el silencio y diciendo más tarde palabrotas de indignación, cuando creía que nadie la escuchaba.

Y no se vale, porque este fue un primer “golpe” publicitario. Así que pregunto ¿por qué las mujeres debemos recibirlos siempre?, ¿por qué debemos cargar la afirmación negativa en primera instancia?, ¿por qué debemos aguantarnos o ponernos furiosas e indignadas?. ¿Acaso es justo eso?, más aún ¿es necesario?.

¿De veras las mujeres necesitamos que se nos trate como ingenuas o bobas para atraer nuestra atención?. ¿De veras que es necesario partir de declaraciones discriminatorias que no violentas que se justifiquen después?. ¿En serio es necesario “torearnos”, con toda la carga que ya tenemos?.

Parece que si, en aras de una segunda fase, la de las historias de éxito ya que una segunda fase de esta campaña comenzó cuando se borraron ciertas afirmaciones y se incluyeron otras, dando paso a otra interpretación como “Una mujer debe ganar lo mismo que un hombre” o “El trabajo de la familia es criar a los hijos”.

Sin embargo: ¿Qué historias de éxito nos puede contar TEDx si no consulta con nosotras, las implicadas, mujeres de toda las edades a las que iban dirigidos los mensajes?, ¿Acaso sabrán que se siente ser el motor obligado de la cocina o la segunda de la clase, siempre porque tu compañero es más popular aunque tu tengas mejores notas?, ¿Cómo pueden saber en mi caso y el de muchas otras mujeres de la frustración de que no contemos con espacios propios en los principales programas de opinión de radio, televisión y prensa escrita como articulistas, moderadoras, especialistas?. De la impotencia de no tener una columna propia en ningún medio reconocido o un programa de análisis crítico o literario como si lo tiene cualquier perico de los palotes con menos méritos y mucho más recursos.

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¿Sabrán acaso de la experiencia de querer entrar en política y no poder, porque no tienes recursos, porque vives violencia, porque el espacio de tu partido ya está lleno con 5 candidatos hombres en fila en los primeros pueblos, caciques de sus pueblos, que no permitirán que las mujeres ocupen esos puestos?, ¿De que expongan tu vida sexual si eres candidata, alcaldesa, diputada o estás en un cargo político?. Me pregunto ¿Cómo contarán historias que no impliquen renunciar a tu vestido del día del niño (no de la niña) por que hay que vestir a tus hermanos varones?. Es mas, no sé si quiero escuchar historias de éxito. Lo mío son las luchas, las derrotas cotidianas, las negaciones diarias y la valentía de enfrentarlas.

Las historias de éxito que quiero escuchar tienen que ver necesariamente con fracasos, frustraciones y retrocesos. Con una larga historia de tolerancia y paciencia. Y sobre todo respeto a nuestra historia. Reconocimiento de nuestro camino, de nuestras opiniones, respeto a nuestro discurso. Respeto a nuestra lucha. Quiero escuchar de la madre soltera que se las ve día a día entre el trabajo y el cuidado de los hijos e hijas, de la estudiante que sobrevive al acoso callejero cotidiano o el de mujer que trabaja en el mercado, el de la trabajadora doméstica que resiste día tras día los abusos. El de la chica que logro sobrevivir a un ataque y la historia de la que no lo logró. El testimonio de la trabajadora sexual, de la travestí. Esas son las historias de valor.

Concluyo diciendo que no somos carne de cañón, ni material para ninguna publicidad, excepto tal vez, la nuestra. No deberíamos ser utilizadas de esa manera, haciéndonos enojar, exaltándonos, incitando a que pongamos denuncias. ¿Será que es divertido hacerlo? ¿Qué somos? ¿Material experimental para una empresa x?

Pero, quién sabe. Esta es solo mi opinión y la pregunta obligada a ustedes que me leen sigue siendo: ¿Acaso no es una forma de violencia decir que el primer golpe (de publicidad o cualquiera que sea), es para un bien posterior o parte de una “sorpresa?, ¿Acaso no nos dicen “no es eso lo que quise decir, no te pongas histérica” o “no es para tanto”? (parte de un discurso que me conozco bien). ¿Es justificable acaso?

Juzguen ustedes.

Y después de haberlo hecho invito a todas las mujeres y a uno que otro hombre a inundar  los medios oficiales y  alternativos, con nuestras voces y discursos, con nuestras historias: las propias y no las ajenas.

 

Por Jessica Isla

15 de agosto de 2016, en el país del hartazgo de las mujeres.  

 

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HASTA QUE NO ME VIOLEN NO

Por Mar Pilz

Tengo hace un año viviendo en Nicaragua. El país más grande, en cuanto a territorio, de este pedacito de tierra llamado Centro América. Una vez me topé con una curiosa estadística de alguna organización, que lo mostraba dentro del top 5 de los países con mayor “inclusión de género” de los países en Latinoamérica.

Nací en Nicaragua, pero crecí fuera de su territorio. Decidí regresar por mi propia cuenta. Porque tenía curiosidad y porque en mi cabeza lo recordaba como un lugar en donde podía caminar segura, llevar vestidos por el calor y en donde las mujeres no se dejaban de nada. No sé si estas imágenes son verdaderamente recuerdos o solamente fue una idea de cómo imaginé Nicaragua.

Una de las realidades con las que me vine a topar es con el alto y desenfrenado nivel de acoso sexual verbal y físico en las calles del país. No importa si sos una niña que apenas se te están notando los pechos o si sos una mujer de 40 años, no importa si sos gordita, si sos bajita, si sos flaca, si sos rubia, tenes los ojos negros o verdes o el color que los quieras tener, no importa si vas sola o si vas con amigas, te acosan. Te acosan viejos, hombres bien vestidos, mal vestidos y hasta mocosos en bicicletas.

Tuve mi primer trabajo en Camino de Oriente (una historia bastante curiosa también). Todos saben en donde queda Camino de Oriente o sino pregunten en dónde está la Cooperación Española en Managua. Yo vivía en la Centroamérica (lugar bastante conocido también). Caminaba todos los días al trabajo porque eran solamente unas cuantas cuadras y aproximadamente 10 minutos o menos. En esa distancia me topaba, sin exagerar, 20 acosadores en todo el día. Salir de casa se volvió algo sumamente molesto y empecé a sentirme frustada porque el único lugar en donde no escuchaba “adiós amor” “te acompaño chaparrita linda” “que linda estás” “cht cht” y demás pendejadas, era en mi casa.

La rotonda de la Centroamérica a toda hora es un caos por la cantidad de vehículos que pasan por ahí. Durante las mañanas y las tardes ponen a “policías” que no hacen más que mover los brazos para todos lados y tener un pito en la boca para hacer ruido.

Una de las tantas mañanas con la lluvia encima de acosos y miradas sexuales de los tipos en la calle, me acerque a uno de los policías que se estaba subiendo las medias negras y le pregunté si ya estaba en turno y me contestó que dependía para qué. Y le dije que le tenía una consulta. Como todas la mañanas, yo llevaba mi agenda en la mano por si necesitaba para defenderme y tener con qué pegarle a algún acosador que quisiera pasarse más de sus denominados “piropos”.

Abría la agenda y le dije que era reportera. Que quería saber que como mujer a dónde o a quién podía acudir si alguien me estaba acosando. Él se rió “¿y quién la está acosando pues?” Y le contesté: ¡Quién no de todos los que pasaron a mi lado en lo que caminaba de mi casa hasta aquí! Y me contestó que si yo no tenía pruebas de que alguien lo estuviera haciendo que no podía decir nada. Me dijo que si cargaba mi celular conmigo que tomara video o hiciera foto de quien me estaba acosando.

Le pregunté qué pasaba con las mujeres que no tenían cómo pagarse un celular con cámara. O que si de todos modos, aunque tuviera cámara y grabara a mi acosador iba alguien a hacer algo. Se volvió a reír y le dije que estaba tratando de tener una conversación seria con él, que éramos adultos y yo no me estaba riendo de la situación y que lo mínimo que le pedía era un poco de seriedad. Puso su cara sería y me recordó que era “policía”.

Me dijo que él no podía hacer nada sino me hacían nada esos que me estaban acosando y que si me atacaban físicamente que fuera mejor a una estación de policía. Entonces le pregunté “¿tengo que esperar hasta que me agredan o me violen para que ustedes me tomen en serio? Y luego ¿Qué? ¿Me van a hacer preguntas que van a insinuar que la culpable fui yo? ¿Qué ropa llevaba o qué les hice yo para que me atacaran?

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“Mire, yo estoy trabajando. No esté fregando.” Le dije que me sonriera, que por suerte yo sí tenía una cámara y como ciudadana tenía derecho a saber “cómo y quiénes” trabajaban tan arduamente para sentirme protegida y segura cuando caminaba por las calles y que además estaba haciendo uso de mi derecho a expresarme y a buscar a las autoridades cuando me sentía insegura. El nombre que me dio fue el de José Mercado y sus placas son: 14764.

Al siguiente día volví a pasar por el mismo lugar y esta vez lo agarré con las manos en las masas. En el momento que acosaba a una mujer que pasaba por donde él estaba, yo estaba a unos metros observando todo. El muy descarado no solamente le estaba faltando el respeto a una, sino a dos mujeres, ya que ese día tenía a una compañera a su lado. Con decirle “adiós amor” a la chica no le bastó, sino que también su cuello se volvió de hule y giro tipo el exorcista y le escaneó todo el culo.

Tengo el mal que no puedo quedarme callada ante situaciones que a mi parecer no están bien y le dije “¡Aja! Por supuesto que no quiso apoyarme con los acosadores, si usted mismo es uno de ellos” Cuando me reconoció me hizo un gesto de que me alejara, así como cuando alejas perros y me repitió que lo dejara de joder, se escondió la cara y cruzó la calle para no tener que hacerse responsable de sus acciones.

Así como le prometí, lo estoy llevando a lo público. Creo que todas y todos tenemos el derecho de saber con qué tipo de autoridades contamos en el país, y además también tenemos derecho a hablar sobre el acoso callejero. No son piropos, no son cumplidos, es acoso. Acoso verbal y psicológico de carácter sexual. Si tener que salir a la calle para una mujer pesa porque sabe que se va a topar en cada esquina, cuadra, acera y hasta sentados enfrente de una ventada a tipos que la estén acosando por el simple hecho de ser mujer, es una sociedad construida con bloques de mierda. Sí, mierda. Porque ¿dónde queda el derecho a la libertad de ser un simple ser humano? ¿Dónde queda mi derecho como ciudadana, que contribuye al mantenimiento de nuestra sociedad, a usar una vía pública sin que me jodan? ¿Dónde quedan mis derechos?

Hasta que no me violen nadie va a hacer nada y aunque lo hagan, la culpa va a ser mía porque yo los provoqué. Maldita mentalidad tan ignorante y estúpida.

Por Mar Pilz

Managua Agosto 2016

LOS TATUAJES BAJAN TU CAPACIDAD INTELECTUAL

Por Mar Pilz

¿A cuántos les gustaría que este título tuviera una investigación científica detrás para tomarlo como argumento al momento de una entrevista laboral o para darles la razón de que los tatuajes son malos?

Entiendo que los tatuajes en nuestra sociedad son mal vistos y poco aceptados, pero ¿Por qué? ¿Porque según la mayoría es señal de pertenecer a alguna pandilla? ¿Porque solamente las personas de la calle tienen tatuajes? ¿Porque simplemente se ve feo o porque es contagioso o por qué? Que alguien me de una razón que no solamente sea un prejuicio de esos que ahogan a nuestras sociedades, porque la verdad es que no lo entiendo.

Recuerdo que desde pequeña siempre quise tener un tatuaje. Me llamaban la atención, así como le puede llamar la atención a alguien querer ser futbolista o ser músico. Quería un tatuaje porque a mi parecer era una forma de expresar emociones positivas como amor, admiración o una idea. Para mi siempre ha sido arte y punto.

Antes de tatuarme, por supuesto, que hubo mucha gente que quiso opinar sobre mi decisión. “Sos mujer, a las mujeres se les ve feo.” “Te pueden pegar una enfermedad.” “No vas a conseguir trabajo.” “¡Uy no! Una mujer no debería tener tatuajes.” “Eso es de gente corriente.”  Entre otras tonterías más. A toda esa gente que opinó y sigue opinando me gustaría preguntarle si tienen alguna idea de dónde vienen los tatuajes. No les contaré la historia, creo que si son tan atrevidos de opinar, deberían de ser entonces lo suficientemente atrevidos en informarse y querer saber más antes de reproducir un prejuicio.

Hoy, a nueve años de mi primer tatuaje les puedo decir que sigo sin arrepentirme, que no vivo en la calle, que desde que decidí empezar a formar parte del mercado laboral no me he muerto de hambre, que no soy mala influencia (por lo menos no por lo tatuajes) y sigo teniendo amigos y sobre todo que un tatuaje no ha bajado mi capacidad intelectual. Y sí, también he experimentado discriminación por parte de gente ignorante, por supuesto que me han dicho “¡uy no! Pero espero que hasta ahí la pares porque vos sabes que se tiene una idea diferente de la gente tatuada. ¿Qué le vas a decir a tus hijos o a tus nietos?.” Y bla bla bla bla. Bueno gente, si me hubiera importado lo que dijeron o pensaron, no tendría siete ya, ni tampoco estaría planeando los siguientes. Porque ¿saben? Es mi cuerpo y por lo tanto mi decisión.

¿Qué le diré a mis hijos o nietos? Que son tan libres como yo lo fui para poder tomar decisiones sobre sus cuerpos y en sus vidas. Que no importa que si haces una cosa o haces otra, la gente siempre va a tener de qué hablar. Que no es cierto que no van a encontrar trabajo y si un tatuaje es la razón por el cuál negarles una plaza, siempre habrá alguien que comprenda que tener un dibujo sobre tu piel no significa que eres tonto o que no sos capaz o que los delincuentes muchas veces llevan corbatas, un alba y se alimentan de nuestros impuestos o de un diezmo.

Mar Pilz

Managua Agosto 2016

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NICARAGUA

Por Mar Pilz

Vivo en un país en donde el sol sale a las 5:30 a.m. y se oculta a las 6:30 p.m. En donde el clima es rico unos días y en otros hace un calor jodido.

Vivo en un país en donde los deportes extremos se viven a diario: cruzarse una calle en donde tenes que esquivar carros, buses y motos, en donde los pasos peatonales no se respetan y te pitan porque vas a pie y ellos van en carro.

Vivo en un país en donde las canciones vespertinas, hechas por la señora que pasa vendiendo tortillas, tamales, buñuelos y elotes; por el señor que arregla zapatos y por el fontanero, adornan las calles de lunes a domingo.

Vivo en un país en donde sin importar que la vida de la mayoría pese, no dudan en regalarte una sonrisa al saludar. En donde existen familias que viven con un dólar al día o se alimentan de los restos del 5% que conforman la clase rica del país.

Vivo en un país que antes era etiquetado como “tercer mundo” pero que ahora llaman “en vías de desarrollo” porque en el lenguaje diplomático no suena “correcto”, pero que al final significa lo mismo.

Vivo en un lugarcito en donde la mayoría de familias están conformadas por una madre que también hace de padre, que se levanta siempre cabrona todos los días para preparar a sus hijos e hijas para la escuela y luego a ella misma para ir a trabajar.

Vivo en un país en donde la juventud tiene pocas oportunidades de opinar sobre el futuro de su país, a pesar de quebrarse el culo estudiando para tener un título con el que luego va a ganar el salario mínimo. En donde para aplicar para un puesto de trabajo necesitas 10 años de experiencia, una licenciatura, dos maestrías, pero 20 años de edad.

Vivo en un país que explota sus tierras para exportar cacao a grandes lugares, para recibir chocolate al triple de precio. Un país en donde sus montañas huelen a café y saben a Starbucks.

Vivo en un país rodeado por mares, lagos, lagunas y ríos, en donde sus curvas son pronunciadas por los volcanes y montañas que adornan su tierra. En donde el sol quema y a los 5 minutos sopla el viento, las nubes inundan el cielo y dejan caer agua como si quisieran ahogarnos.

Vivo en un país en donde se adora un Dios de ojos azules, piel clara y pelo rubio que llegó del mar y sin la mínima culpa sacó del altar a Tamagastad y Cipaltonal y a otros más.

Vivo en un país en donde las tardes huelen a Sacuanjoche, saben a gürilas y gallo pinto. En donde las vecinas se sientan frente a sus casas a platicar, después de haber hecho la cena.

Vivo en un pequeño país llamado Nicaragua, que muchos no lo saben ni encontrar en un mapa. En donde se bebe cebada y cacao, en donde la marimba es alegre y existen concursos resaltando la belleza heredada a nuestras mujeres por los Náhuatl, Chorotegas, Matagalpas, Sutiavas, Miskitos, Mayagnas, Creoles, Garífunas o Rama.

Y a pesar de que no tiene gran presencia en el mundo, sí tiene un gran camino que recorrer para mejorar la calidad de vida de su gente, así como una lucha para crear oportunidades para grupos poco representados y un gran reto de hacer frente contra gobiernos corruptos. Pero, también tiene oportunidades para quien esté dispuesto a trabajar duro, educarse, enseñar, compartir sus conocimientos con los demás y entender que solo y en silencio no hará ningún cambio.

Vivo en un país que a pesar de todos esos regalos y esos retos, por motivos, de llámenle suerte, Dios, destino, karma o como quieran llamarle, me vio nacer.

Por Mar Pilz

Managua Agosto 2016

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